Tristeza e indignación

Por Lourdes Encinas Moreno

@lojesa

                                                                                                            Marco Antonio Ávila, QEPD.

Estoy enojada y triste. Así se siente una cuando matan a un compañero reportero y hoy nos pasó en Sonora.

El reportero Marco Antonio Ávila, de El Regional de Sonora, fue interceptado la tarde del jueves por un comando armado mientras se encontraba en un lavado de autos en Ciudad Obregón.

Ya ése sólo hecho nos ponía en alerta. Esperábamos, aunque el instinto dijera lo contrario, que apareciera con vida.

Este viernes apareció, pero muerto, torturado, en una bolsa de plástico y con un mensaje dirigido a un grupo delictivo, según confirmaron en la  Procuraduría General de Justicia del Estado.

Apenas el 10 de mayo pasado un par de tipos golpearon brutalmente al periodista Gerardo Ponce de León de Marquesina Política. A eso súmele que tenemos otro compañero desparecido desde 2005, Alfredo Jiménez Mota, más las agresiones que a diario se sufren de distinta forma y a veces en los mismos medios.

¿Y qué vamos a hacer?

Está claro que no hay voluntad de las autoridades ni para dar garantías ni para castigar las agresiones. De ellos no queremos enérgicas condenas ni pésames, sino que acaben con la impunidad que ha imperado hasta ahora en los ataques sufridos por periodistas en México.

Por nuestra propia naturaleza somos un gremio muy dividido, de estrellitas y estrellotas, del yo antes que el nosotros. A ver cuando entendemos que divididos somos más vulnerables y unidos somos nuestra mejor defensa.

Tenemos que empezar a tomar acciones en serio porque no es menor el tamaño de las agresiones y todos estamos expuestos.

A Marco Antonio no lo conocí, pero eso no quita el desagradable sentimiento que deja saber de su muerte. Siento lo que siente cualquier  reportero al conocer la agresión a otro: un pinche coraje y mucha impotencia.