Al poder no le importa quién lo usa

“Al poder no le importa quién lo usa”.

The Power, una novela de Naomi Alderman.

 

Para ciertos antropólogos e historiadores, es la capacidad del ser humano de comunicarse entre sí y organizarse a través del lenguaje escrito lo que nos diferencia del resto de las especies y nos pone a la cabeza de la cadena alimenticia.

Desde sus orígenes, el uso hábil del lenguaje ha sido un instrumento de poder que, a su vez, se ha concentrado en una élite predominantemente masculina.

Silenciar a las mujeres se convierte en el primer paso para excluirlas de la toma de decisiones, tanto en el ámbito público como en el privado.

Esta intrínseca relación es explorada con ironía e inteligencia por la historiadora inglesa Mary Beard, en el libro “Mujeres y poder: Un manifiesto” (Crítica, 2018), que recopila dos de sus conferencias, a manera de ensayo.

En un rápido recorrido histórico, la autora recuerda como en el sistema grecoromano, el mythos, entendido como el discurso público acreditado, era una distinción reservada para los varones, una virtud que los separaba de la charla ociosa de las mujeres, a quienes solo se les permitía hablar para denunciar una agresión.

Pero no todas lograban ser acalladas, el libro también recoge los casos de Afrania, quien se atrevía a iniciar ella misma demandas judiciales y defenderse a sí misma, y Hortensia, quien fue portavoz de las mujeres de Roma en contra de un impuesto especial para financiar la guerra que perjudicaba su patrimonio.

Así, a lo largo de la historia a las mujeres se les permitía hablar en público para manifestar su condición de víctimas o para defender sus intereses sectoriales, pero nunca en nombre de los hombres o de la comunidad en general.

Pasa todavía en nuestros días y un claro ejemplo de ello es el movimiento Me too, mediante el cual numerosas mujeres están denunciando agresiones sexuales. Su voz, como víctimas, se escucha en todo el mundo.

Así como también se sigue considerando que el papel de las mujeres en puestos legislativos y ejecutivos es para impulsar asuntos catalogados de interés femenino, como la violencia de género o la igualdad salarial. Al encasillarlas en estos temas, se les excluye de los asuntos ligados directamente al ejercicio pleno del poder.

Ocurre en el Congreso del Estado, donde a pesar de que las diputadas lograron una representación histórica del 39% en la actual Legislatura, las coordinaciones de los grupos parlamentarios, donde realmente se toman las decisiones, se mantienen en manos de diputados varones.

El ocupar un cargo de elección popular o un puesto directivo en una empresa no necesariamente les garantiza a ellas el acceso al poder, que en su mayoría se sigue percibiendo como un asunto de hombres en el que las mujeres, en el mejor de los casos, son invitadas a estar cerca de él, pero no a tenerlo.

En materia político-electoral, el techo de cristal se rompió en Sonora en 2015 con la elección de la primera gobernadora, además de un número inédito de 13 diputadas locales y 63 síndicas municipales.

Los avances han continuado y con la aprobación de la paridad horizontal en las candidaturas a presidencias municipales, que se aplicará en la elección de este año, el marco normativo estatal cumple con todas las disposiciones de la Constitución federal y tratados internacionales en cuanto a paridad de género.

Asimismo, los órganos electorales y diferentes consejos de participación ciudadana están integrados siguiendo criterios de paridad, hemos visto también un incremento en el número de mujeres dirigiendo cámaras empresariales y organizaciones civiles.

El contexto es propicio para aumentar la participación femenina en cargos públicos, pero aún queda mucho por hacer para combatir los estereotipos que impiden ver a las mujeres como usuarias legítimas del poder y no como invasoras de este.

Vale la pena reflexionar en el planteamiento que hace Beard: si no se percibe que las mujeres están en totalmente dentro de las estructuras de poder, entonces, lo que tienen que hacer es redefinirlo.

Un paso esencial para ello es incluirlas en el debate público desde cualquier plataforma.

Por eso, en el Semanario Primera Plana decidimos abordar el Día Internacional de la Mujer de una manera distinta, publicando una edición especial que lleva a las voces femeninas como protagonistas.

En este número usted encontrará artículos escritos por un nutrido grupo de mujeres sonorenses, diversas en edad, ocupación e ideología, que nos ofrecen una reflexión en primera persona sobre temas elegidos por ellas mismas, sin restricciones de ningún tipo.

Lo hacemos, no como una graciosa concesión ni un acto políticamente correcto para conmemorar la fecha, sino convencidos de que la discusión pública y el ejercicio el poder, se enriquecen con el conocimiento, la experiencia y la perspectiva que las mujeres aportan.

A todas ellas les agradecemos que hayan aceptado nuestra invitación para participar en esta edición especial.

A todas y todos ustedes, les reiteramos que, en Primera Plana, la voz de las mujeres está y seguirá estando presente con todo su valor.

Publicado en el Semanario Primera Plana

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