Las más valientes

Por Lourdes Encinas Moreno

@lojesa

 

En la película Tres Anuncios por un Crimen, Frances McDormand hace una soberbia interpretación de una madre exigiendo justicia, que le valió ganar todos los premios a mejor actriz de la temporada, incluido el Oscar.

Su personaje es Mildred, una mujer cuya hija adolescente fue asesinada, violada y quemada -en ese orden- en un pequeño pueblo, que es fiel retrato del Estados Unidos rural, blanco, pobre, conservador y racista que votó por Donald Trump.

Mildred no puede procesar el duelo porque el crimen sigue impune. Frustrada, contrata tres carteleras en las que coloca mensajes reclamando a la mediocre policía local su falta de resultados.

Mildred estudia el expediente del caso, con todos sus horrores, realiza su propia investigación, presenta pruebas e identifica posibles implicados, en pocas palabras, le hace el trabajo a las autoridades.

La intensidad con la que Mildred lucha por hacerle justicia a su hija, molesta a muchos en el pueblo, el tema les cansa, quieren olvidarlo, hasta en su propia familia le piden que acepte las cosas como son y que mejor se dedique a rezar y llevar flores a la tumba. Pero ella persiste.

Es una historia demasiado familiar ¿verdad? Sí, porque en México tenemos muchas Mildred.

Por la similitud de los hechos, la primera que se viene a la mente es Isabel Miranda de Wallace, quien también terminó haciendo trabajo policial y colocó carteleras exigiendo justicia por el secuestro y asesinato de su hijo. Ella también persistió.

Como también persistieron Marisela Escobedo y Miriam Rodríguez, quienes con el mayor arrojo enfrentaron a las autoridades, incluso al crimen organizado, para que se castigara a los feminicidas de sus hijas. Nunca se rindieron y eso les costó su propia vida.

Qué mayor ejemplo de persistencia que el del grupo de mujeres conocido como “Las Buscadoras”, quienes recorren el país escarbando entre sus entrañas hasta encontrar los restos de sus hijos, esposos o familiares desaparecidos, a los que ya nadie busca porque a nadie, más a que ellas, les interesa encontrar.

O las mamás de la Guardería ABC, quienes en casi nueve años han hecho todo lo posible porque la muerte de sus pequeños hijos no quede impune y porque una tragedia similar nunca se repita.

Todas ellas, como tantas más en México, han tenido que convertirse en activistas, investigadoras y casi abogadas para enfrentar a un sistema judicial consumido por la ineficiencia, la indolencia y la corrupción.

Su lucha también incomoda, también se topa con el rechazo de una sociedad, que sabe acompañar en el dolor, pero no en la búsqueda de justicia, porque esta se vuelve muy larga y cansa y desespera y parece no terminar nunca, los casos se acumulan día con día, la atención se dispersa y se puede llegar a sentir que la indignación no nos alcanza para tantos.

También enfrentan el desinterés de los medios de comunicación, el agotamiento, la frustración y hasta el reclamo del resto de su familia, que puede sentirse desplazada o temerosos de que ellas mismas dejan la vida en el camino.

Pero ellas, como Mildred, persisten y siguen adelante pese a todo, porque no hay nadie más valiente en este mundo que una madre defendiendo a su hijo, vivo o muerto.

Publicado en el Semanario Primera Plana

 

 

 

 

 

 

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