La resistencia de la mitad del mundo

Por Lourdes Encinas Moreno

Publicación original en el Semanario Primera Plana

A propósito de una entrevista realizada al filósofo George Steiner en julio pasado, el diario El País publicó un apunte de su libro Fragmentos en el que, refiriéndose al Islam, dice tajante que no se puede negociar con quien rechaza la ciencia y maltrata a la mujer: “Maltratar sistemáticamente a la mujer como hace el Islam es eliminar a la mitad de la Humanidad”.

No es sólo el Islam.

En general, la mitad masculina de la Humanidad ha sostenido un histórico trato desigual, en momentos violento, a las mujeres, que parte de considerarnos inferiores.

Siendo la mitad de la población del mundo, y en México incluso mayoría (51.4%, INEGI), siempre hemos sido tratadas como una minoría, por lo tanto, hemos tenido que luchar por todo, hasta por el respeto.

No lo voy a llenar con los datos que estos días invaden los espacios informativos, de sobra sabemos que la lucha está muy lejos de terminar, menos aún ante la amenaza de retroceso que enfrentamos con el avance del nacionalismo y el ascenso de líderes políticos misóginos y conservadores.

Es así que en pleno 2017, las mujeres intensificamos el activismo por todas las plataformas posibles, se vuelven a tomar las calles, o tribunales en su caso, para defender batallas que creíamos ganadas y seguir peleando por los grandes pendientes que aún persisten en la agenda feminista.

Sí, feminista, de F-E-M-I-N-I-S-M-O, ese término que para muchos -y tristemente muchas- resulta una mala palabra, pero que no es otra cosa que la consideración de que hombres y mujeres debemos tener los mismos derechos.

Es el momento de recordar que los derechos de las mujeres son derechos humanos, que esta mitad del mundo no está dispuesta a perder su progreso y que sabe mantenerse en la resistencia, así es como ha logrado avanzar a lo largo de la historia.

Cierro con el célebre discurso de la abolicionista y activista Sojourner Truth ¿Acaso no soy una mujer?, pronunciado en una conferencia de mujeres en 1851 en Estados Unidos. Tan vigente como entonces:

Bueno hijos, cuando hay mucho alboroto es porque algo está pasando.

Creo que tanto los negros del Sur como las mujeres del Norte están todos hablando de derechos y a los hombres blancos no les queda más que ceder muy pronto.

Pero, ¿De qué se trata de lo estamos hablando aquí?

Los caballeros dicen que las mujeres necesitan ayuda para subir a las carretas y para pasar sobre los huecos en la calle y que deben tener el mejor puesto en todas partes.

¡Pero a mí nadie nunca me ha ayudado a subir a las carretas o a saltar charcos de lodo o me ha dado el mejor puesto!  y ¿Acaso no soy una mujer? ¡Mírenme! ¡Miren mis brazos! ¡He arado y sembrado, y trabajado en los establos y ningún hombre lo hizo nunca mejor que yo! y ¿Acaso no soy una mujer? ¡Puedo trabajar y comer tanto como un hombre si es que consigo alimento-y puedo aguantar el latigazo también! y ¿Acaso no soy una mujer? Parí trece hijos y vi como todos fueron vendidos como esclavos, cuando lloré junto a las penas de mi madre nadie, excepto Jesús Cristo, me escuchó y ¿Acaso no soy una mujer?

Entonces se preguntan ¿Qué es lo que tiene en la cabeza? ¿Qué significa esto? (Un miembro de la audiencia sugiere “Intelecto”) – ¡Exacto! ¿Qué tiene a que ver todo esto con los derechos de las mujeres y de los negros?

¿Si mi cántaro solamente puede contener una pinta y el de ustedes un cuarto, no sería muy egoísta de parte de ustedes no dejarme tener mi pequeña mitad llena? Entonces el pequeño hombre vestido de negro dice que las mujeres no pueden tener tantos derechos como los hombres, porque Cristo no era una mujer. ¿De dónde vino Cristo? ¿De dónde vino Cristo? ¡De Dios y de una mujer! ¡El hombre no tuvo nada que ver con El!

Gracias por haberme escuchado, ahora la vieja Sojourner no tiene más nada que añadir.