Claudia y Javier en el arranque

Por Lourdes Encinas Moreno

@lojesa

ClaudiayJavierHabiendo concluido la simulación, digo, la elección interna en sus respectivos partidos, Claudia Pavlovich y Javier Gándara ya pueden considerarse en la línea de salida en la carrera por la gubernatura. Sólo falta el registro oficial ante las autoridades electorales para arrancar de lleno sus campañas.

Los dos son sólidos candidatos, tienen experiencia, ambos han sido víctimas de imposiciones en sus partidos, pero cuando han logrado ser postulados han ganado y con contundencia. Ambos incluso comparten un origen priísta.

En términos de contexto y circunstancias, me parece que es Claudia la que arranca en una posición más favorable porque es la que lo hace con mayor libertad.

En otros tiempos, el candidato del partido gobernante iniciaba con todas las de ganar: la maquinaria oficial a su favor, un partido disciplinado a su disposición, dinero de sobra y los aciertos de gobierno para presumir y ofrecer continuidad.

En este caso, para Javier Gándara el gobernador Guillermo Padrés y su administración son un lastre. Los programas que pudieron haberse presumido, son hoy un fracaso: la magna obra hidráulica en litigio, sanciones a la familia del gobernador por apropiarse de aguas nacionales, uniformes escolares y becas que no llegan, el sector salud hecho un desastre, cuentas públicas con récord de observaciones y una política interna inexistente. Un partido dividido y con muchos agraviados.

El mismo Gándara con una demanda penal, producto de su ejercicio como alcalde.

En esas circunstancias, cómo ofrecer combate a la corrupción, cómo ofrecer continuidad de un régimen que los sonorenses no quieren repetir. Por el contrario, su mayor reto es despegarse de ellos, convencer a los ciudadanos de que su gobierno no sería una extensión del de Padrés. Difícil, sí, aunque tiene a su favor su propia trayectoria empresarial, política en lo individual y tiene en su esposa un gran activo, la señora Marcela suma y es el puente con esos sectores fuera del círculo rojo, a los que todavía pueden persuadir. Y no minimicen que ella se ha convertido en un personaje de culto entre usuarios jóvenes de redes sociales.

Claudia, por su parte, llega como heredera del capital político de su madre, Alicia Arellano, pilar para el empoderamiento de las mujeres en la vida pública del país. Ella misma ha construido una carrera exitosa, es notoria su evolución como política, la mejoría en su discurso y el temple con el que denuncia los excesos del gobierno estatal.

Salvo el tema de la Guardería ABC, que no ha quedado zanjado para ella, su historial está libre de escándalos y de corrupción, por eso es una voz que puede denunciarla. Lo que le pueden cargar son los errores de la gestión del presidente Peña Nieto y la parte negativa de las reformas, que avaló como su voto como senadora.

Su propia condición de género, favorece una imagen de honestidad y la hace menos vulnerable a las campañas negras, pero esto le representa también el mayor reto a superar durante la campaña, lo que se sigue dudando de ella: Si en un cargo ejecutivo va a ser capaz de tomar decisiones con la cabeza fría y con firmeza. Será muy importante la gente que integre a su equipo, que deben pasar también la prueba de la honestidad, y que no se confíe de toda la unidad que le prometen en su partido.

Así me parece que arrancan Claudia y Javier, un enfrentamiento que promete ser interesante y que nadie puede dar por ganado aún, porque en una elección influyen muchos factores. De los postulados por los otros partidos no me ocupo, porque sabemos que su objetivo no es ganar la gubernatura, sino lograr la votación suficiente para mantener el registro y lograr posiciones en el Congreso y los Cabildos, por la vía plurinominal.