Sacar a los violentos de las protestas

 

Por Lourdes Encinas Moreno

@lojesa

Sin descartar ninguna de las hipótesis sobre las manifestaciones por los 43 normalistas de Ayotzinapa, vale la pena señalar que el pasado 31 de octubre, en el blog ContraInfo, sitio de difusión de grupos anarquistas, apareció un comunicado firmado por “Guerrillas Negras”, anticipando lo que venía.

Aduciendo que en venganza con diversas causas, entre ellas la de los normalistas, el derrame tóxico en el Río Sonora y la detención de Mario Luna, se llamaba a la protesta violenta mediante actos de sabotaje, incendios, incluso asesinato de policías y militares.

En otro comunicado, publicado el 13 de noviembre por el grupo Coordinadora de Sombras, critican la pasividad de las organizaciones de izquierda, insisten en la protesta violenta, pero aseguran que no los mueve ninguna fuerza de poder.

Lo escrito y lo que ha pasado, es evidente. Ya ve que ni las grandes figuras de la izquierda se han salvado de agresiones verbales y físicas.

No dudo que estos jóvenes estén convencidos de sus ideas, pero es innegable que hay grupos con intereses muy definidos y que son expertos en manipular movimientos para tratar de imponer su agenda o generar inestabilidad.  Por muto propio o movidos por terceros, lo que estos grupos están haciendo pasa la línea de la protesta al vandalismo y desvirtúa las causas de origen, sin que haya autoridad que ponga orden.

Hasta en las democracias más avanzadas, la quema de sitios históricos, camiones, destrucción de comercios, infraestructura y retención de personas implica el uso de la fuerza pública. No se confundan, es muy distinto reprimir una manifestación a intervenir para recuperar el orden público.

Ya son varios los analistas que comentan que estos disturbios tendrán su climax el 1 de diciembre, el aniversario de la toma de protesta presidencial y la pregunta es coincidente ¿Qué tanto van a estirar la liga las autoridades?

Voy a recordar lo que dijo la señora Isabel Miranda de Wallace en su reciente visita a Hermosillo: Hay que ir  la protesta, sí, pero en paz. También retomo las palabras del sacerdote Alejandro Solalinde, quien también aquí declaró que la Iglesia Católica debe aprovechar su influencia y estructura para promover un cambio social, desde la paz y los valores.

Cierro con el mejor de los ejemplos: el de los padres de las víctimas del incendio de la Guardería ABC, quienes nunca han permitido violencia en sus actos, ellos mismos corrían a los incitadores que llegaron a las primeras marchas a querer convencerlos de quemar la casa de los dueños o palacio de gobierno. Ellos han seguido una lucha ejemplar, desde los canales institucionales y el activismo social pacífico.

Así se tarda más, sí, pero así es como se logran transformar el estado de las cosas de manera más profunda y permanente. Tal vez el proceso tardaría menos si la gente no solo saliera a gritar en las marchas, sino también a la hora de ir a tocar la puerta de las autoridades y exigirles que cumplan con su parte.