La muerte de 49 niños no fue suficiente

20140528_192637

Por Lourdes Encinas Moreno

@lojesa

Hace cinco años, cuando la terrible noticia de lo que sucedía en la Guardería ABC irrumpió en la sala de redacción yo sí creí que les contaría una historia diferente.

Ante la gravedad de lo ocurrido, yo sí creí que se rompería el paradigma de cómo los gobernantes asumen su responsabilidad pública, que las investigaciones serían precisas y efectivas y que no se le daría cabida a la impunidad.

Cuando la gente empezó a salir en multitudes a acompañar a las madres y padres de las víctimas, también creí que alguna conciencia colectiva se había despertado en esta apática sociedad hermosillense.

Lo cierto es que fui ingenua… a lo largo de estos cinco años les he venido contando la historia de siempre.
Independientemente del origen del fuego en la bodega de la Secretaría de Hacienda, lo ocurrido el 5 de junio de 2009 fue producto de una falla en el sistema de guarderías del Seguro Social y en los de Protección Civil estatal y municipal.

Como tanto insistió el ministro Arturo Zaldívar, cuando la falla es de sistema, la responsabilidad no puede recaer en los eslabones menores de la cadena de mando, sino en las cabezas, en quienes están en posibilidad de cambiarlos.

Nadie le ha reclamado a Felipe Calderón y a Eduardo Bours que ellos tuvieran que ir a revisar si había extinguidores, sino la falla de los sistemas de los que estaban al frente, que asumieran su responsabilidad pública y ética. Los dos perdieron la oportunidad histórica de ponerse por encima de las circunstancias y romper ese paradigma de la responsabilidad pública en México, eso les hubiera dado otra estatura política y les hubiera evitado el repudio popular.

Pero prefirieron caer en lo de siempre: evadir culpando al otro… y a consecuencia de ese enfrentamiento, el desorden alcanzó a la investigación que desde un inicio fue desaseada, con errores que en otro lado fueran intolerables. Es el colmo que a cinco años todavía no concluya y que ni los padres de los niños ni la sociedad, tengamos la certeza de cómo ocurrieron los hechos. Eso, le ha abierto la puerta a la impunidad, porque no me diga que en este caso ha habido justicia.

La sociedad hermosillense salió a acompañar a los padres en el dolor y, aunque cada vez en menor medida, lo sigue haciendo cada año en las marchas de aniversario, pero nos quedamos muy lejos de un cambio de conciencia colectiva.

La muerte de 49 niños, las lesiones de 104, no fueron suficiente para cambiar la forma de asumir la responsabilidad pública en México y horroriza pensar qué es entonces lo que tiene que pasar.

Lo que ha hecho diferente esta historia es el papel de las madres y los padres de los niños, ellos que no han dejado de luchar, que han hecho sus propias investigaciones, que han impulsado leyes para evitar que la tragedia se repita. Ellos sí merecen todo el respeto y que no se les deje solos.

También todos los que participaron en el rescate de los niños y que con su valentía salvaron vidas. A esos héroes ciudadanos, esta ciudad les debe agradecimiento eterno.

Cierro este comentario, quizá aún con algo de ingenuidad, con la expectativa de que en el marco del quinto aniversario, el presidente Enrique Peña Nieto sí tenga la voluntad para ya concluir este doloroso pendiente que heredó.

Mientras, la cobertura sigue… y sigue, como inició: con un nudo en la garganta.

No, así no debieron morir…