Violencia a la mujer consume a Sonora; testimonio de un agresor

 

Por Lourdes Encinas Moreno

@lojesa

El primero de julio de 2012, el día de las elecciones, este señor al que llamaré “José”, ingresó a la estadística que ubica a Sonora en el primer lugar nacional de violencia contra las mujeres en el noviazgo y tercero general, como admitió Leticia Amparano, directora estatal de Salud Mental, en entrevista radiofónica con Francisco Javier Ruiz Quirrín.

Ese día, José cruzó la línea de la violencia verbal y abofeteó a su esposa y una de sus hijas, de 17 años, porque tomaron un litro de leche que era de su madre, que vive con ellos. La pelea se prolongó y él mismo llamó a la policía porque creía que le darían la razón, estaba “montado en su macho”, es decir, aferrado a que no había actuado mal.

Fue un simple litro de leche, pero ya las circunstancias estaba dadas y fue el pretexto para ejercer la violencia”, dice José al acceder a una entrevista, porque ahora puede admitir y hablar de sus errores.

Como ese día andaban cuidando votos, los agentes se tardaron en llegar, cuando lo hicieron lo detuvieron y lo turnaron al Ministerio Público y éste a un juez; estuvo dos días preso, salió bajo fianza, pero con orden de restricción y la obligación de acudir 6 meses a un sicólogo y a 25 sesiones en los grupos de “reeducación” de la Coordinación Estatal para la Prevención y Atención de la Violencia Intrafamiliar (Cepavi), dependiente de la Dirección de Salud Mental.

Así, este hombre de 59 años, alto, fornido, de bota vaquera y camisa a cuadros, con un marcado acento sonorense, la típicia imagen de macho, pues, llegó a uno de los grupos que atienden a varones agresores en Hermosillo y de repente se vio hablando de sus problemas ante extraños, igual o más rudos que él, escuchando los de ellos y recibiendo terapia.

 

Acudan por ayuda, no es lo que uno piensa

Al paso de las semanas, José se dio cuenta de que esas pláticas le servían, ha aprendido a manejar sus emociones, a controlarse, a evitar los problemas e irse quitando los prejuicios de género, lo cual es un proceso constante, por eso aunque su asistencia obligatoria terminó en mayo pasado sigue yendo a los grupos.

Acepta uno los malos juicios y decisiones de uno, vas razonando, te enseñan a razonar antes de las discusiones, que es cuando empieza la violencia en las discusiones. Me ha ayudado mucho a mí esto, yo le agradezco a Manuel, el sicólogo mío”, reconoce no sin cierta satisfacción por su avance.

A los dos meses de la agresión, la esposa de José le otorgó el perdón y regresó a casa, ahora dice que se lleva de maravilla con sus hijas, pero lamenta que ella no haya accedido a ir a las terapias, pues considera que el único que las necesita es él. A los varones que se encuentren en situación de agresores, les deja un consejo:

Que acudan por ayuda y que no desprecien lo que no conocen, porque yo creía que me iban a poner como ‘palo de gallinero’ y resulta que me han ayudado mucho. No es lo que uno piensa cuando lo mandan por primera vez”.

El país sin papás”

La entrevista a José, la realicé al término del Primer Encuentro de Hombres por la Equidad de Género, realizado el 25 de noviembre por el Cepavi, a propósito del Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra Mujeres y Niñas, al que acudieron una treintena de varones en reeducación, unos acompañados de sus esposas, incluso una pareja fue con su hija adolescente.

Se ofreció una plática sobre equidad de género, por uno de los facilitadores del programa; como ejemplo de los mensajes que se reciben a través de medios de comunicación, se mostraron comerciales de productos relacionados al cuidado de la casa y los hijos, en los que siempre aparecen mujeres: “Son los videos del país sin papás”, comentó uno de los asistentes.

Luego hubo una dinámica en la que participamos todos los presentes, basada en una técnica de respiración, porque como dijo otro de los facilitadores, cuando el cerebro está bien oxigenado razonamos mejor.

Había hombres de todas las edades, unos ya más serenos y participativos, como José, otros con un notorio nerviosismo, con ansiedad y hasta vergüenza reflejada en el rostro, muchos compartiendo su testimonio.

Entre ellos, un joven en sus treinta años, alto, de vestimenta casual y una apariencia apacible, quien contó que empezó a acudir a los grupos porque sentía que el enojo lo estaba carcomiendo por dentro y no quería llegar a la violencia física hacia su esposa, lo que ha logrado evitar.

En algo coincidió con José: en la propuesta de que este tipo de pláticas se dieran a las parejas antes de casarse, como requisito para otorgarles la licencia matrimonial, para saber cómo enfrentar los confictos que surgen de la vida en pareja, a la que muchas veces se llega sin tener idea, y evitar la violencia verbal o física.

Sonora, estado pionero en la atención de victimarios

Sonora, es estado pionero en la reeducación de victimarios, retomando el ejemplo de casos de éxito en otros países; también hay en Tijuana, Guadalajara, Monterrey y Ciudad de México, comenta Ariel Monroy, uno de los facilitadores del programa.

En Hermosillo existen 16 grupos que atienden a hombres y 16 a mujeres, por separado, y otros en el resto del estado, con una asistencia de ente 10 y 15 personas por cada uno.

A los hombres los atienden facilitadores hombres, que son sicólogos especializados, y a las mujeres una mujer, para evitar lo que llaman “transferencia”, es decir, cuando a una mujer violentada por un varón se le asigna uno como terapista, lo empieza a ver como su agresor, y viceversa.

Muchos de nuestros usuarios van porque son mandados legalmente y llegan con un carón, tú te das cuenta cuando empiezan a cambiar, cuando empiezan a ir, no con gusto, pero ya participan, ya hablan de sí mismos, ya empiezan a compartir historias, ahí es donde se empiezan a ver los cambios”, explica Ariel.

También hay casos en los que no hay avance, admite, o con ir a una sesión sienten que ya cambiaron, por eso a los victimarios no se les da de alta, pues al igual que con los adictos, siempre hay riesgo de que puedan recaer y lo ideal es mantener una atención permanente.

Existe la creencia de que un hombre violento nunca cambia, pero como se comentó en la sesión, ningún hombre nace violento y ninguna mujer sumisa, por eso siempre valdrá la pena intentarlo.

Quienes deseen acudir a uno de estos grupos de reeducación, hombres o mujeres, pueden llamar al 262-06-77 en Hermosillo, o acudir a las oficinas de Cepavi en Quinta Mayor número 35, colonia Las Quintas. Son completamente gratuitos y estrictamente confidenciales.

Publicado originalmente en Primera Plana.